Historia

José Pérez Peñalver, que así se llamaba Pepico, vivió, gozó y aprendió la Taberna de su padre, el tio Ginés Pérez García, por más señas, quien en la calle de los Baños y allá por 1920, regento la bodega que llevaba a su nombre.

Seis años después en la plaza de Santa Isabel abrió otro local del que se hizo cargo un hermano de Pepico.

Finalmente en el 1935 Pepico empezó con su bodega en la calle de las Mulas, los enormes barriles numerados, el suelo de cemento basto y el serrín empapados de vinos eran características de lugar.

En la misma calle de las Mulas en frente de la bodega, estaba el bar bien surtido de tapas, fiambres en especial. Los dos son propiedad de Pepico.

El bar surtía a la bodega de buenas tapas, y la bodega surtía al bar de buen vino.

La variedad de tapas es infinita, destacan los llamados “blayeres” (propiedad absoluta de esta casa), que son panecillos mínimos a los que se le introduce sobrasada mayorquina, jamón, salchicha, lomo ibérico, chorizo, queso, atún y salchichón.

Además están las tapas de temporada como las habas tiernas y el salazón (“atún de ijá” y bonito)

Actualidad

En la actualidad regenta el negocio un nieto de Pepico, Guillermo López Pérez, persona abierta, trabajador incansable y que siente verdadera pasión y cariño por el negocio de su abuelo.

El siempre dice “me siento orgulloso de ser la tercera generación y de mantener el Pepico con la misma calidad en los géneros y atención al cliente, igual que lo hacía mu abuelo”.

En estos años ha habido cambios obligados por el paso del tiempo y por la demanda del cliente.

La bodega se ha convertido en un local auxiliar donde se ha ubicado la cocina para poder ampliar el abanico de posibilidades en las tapas.

Los barriles han dado paso a las mesas para mayor comodidad de los grupos que celebran allí actos familiares y profesionales.